La XI edición de nuestros Premios de Buenas Prácticas Regionales ha marcado un punto de inflexión histórico. Tras recibir 79 candidaturas de todo el mundo, nos llena de satisfacción ver cómo dos regiones africanas —el Conseil Départemental de Koungheul (Senegal) y el Conseil Régional du Centre-Ouest (Burkina Faso)— se han alzado con el reconocimiento, situándose entre las mejores iniciativas globales.
Este éxito no es casualidad; es la prueba tangible de que el continente africano vive un proceso de descentralización irreversible. En Senegal y Burkina Faso, estamos viendo cómo las regiones no solo gestionan competencias, sino que innovan en la resolución de problemas estructurales. Este éxito tiene un mérito extraordinario. En ediciones anteriores, hice un llamamiento a la movilización de las regiones africanas, consciente de su enorme potencial. Se ha realizado una labor de difusión ingente para acompañar a estas administraciones en su presentación, y los resultados confirman que el talento regional en África no tiene límites. Lo que hace esta hazaña aún más notable es que estas regiones han competido contra propuestas, por ejemplo, de territorios europeos que cuentan con competencias y recursos económicos y técnicos sustancialmente más amplios.
Desde ORU Fogar, llevamos tiempo insistiendo en que el desarrollo de África pasa necesariamente por la fortaleza de sus gobiernos intermedios. La descentralización no es un lujo administrativo, es el único camino viable para garantizar la eficacia en la gestión de servicios públicos básicos. Estos premios son un altavoz: el trabajo realizado ha sido vital para romper techos de cristal y demostrar que el talento regional africano no solo compite al más alto nivel, sino que marca la pauta de lo que significa gobernar para la ciudadanía. África ya no es el futuro de la descentralización; es su presente más vibrante.
Por supuesto, celebramos la excelencia de todos nuestros premiados: la resiliencia de la región de Lviv (Ucrania), que lidera nuestro palmarés bajo condiciones de guerra; la labor de proximidad para el acceso a la justicia del Estado de México; y la apuesta por las industrias culturales de la Prefectura de Pichincha (Ecuador). Todos ellos son referentes, pero el papel protagonista de África en esta edición envía un mensaje claro al mundo.
