Las regiones tienen un rol estratégico en la gestión del turismo

Richard Cambell

Jefe de la Sección de Cultura y Turismo de la Organización de los Estados Americanos (OEA)

 

Es un verdadero honor dirigirme, en nombre de la OEA, a los miembros de ORU Fogar, tras haber participado en el Foro GLOCAL “Turismo y desarrollo regional”, en el marco de un diálogo que considero fundamental.

Debatimos sobre el papel técnico y estratégico de las regiones en la gestión y el desarrollo del turismo. Pero hoy, aquí, quisiera plantear una pregunta más profunda: ¿por qué la participación activa de las regiones en el turismo no es solo una buena idea, sino un elemento estratégico para nuestra prosperidad?

Como señalé con mayor detalle en mi intervención en el Foro, con demasiada frecuencia vemos que las políticas de turismo se diseñan desde las capitales nacionales, lejos de la realidad cotidiana de los territorios. Sin embargo, sabemos que la experiencia turística rara vez es “nacional”. La experiencia turística es, ante todo, local o regional. Tiene lugar en nuestras provincias, nuestras zonas costeras, nuestras comunidades rurales y nuestras ciudades.

Cuando las regiones –como las representadas por ORU Fogar– marcan la agenda, el turismo deja de ser una mercancía para convertirse en un reflejo de quienes somos y de nuestras comunidades, lo que exige una gestión responsable y una adecuada protección.

En mi trabajo en la OEA comprobamos constantemente que el turismo alcanza su mayor potencial cuando actúa como un motor del desarrollo local. Al asumir el turismo como un recurso para el desarrollo, los gobiernos regionales contribuyen al logro de objetivos estratégicos fundamentales.

En primer lugar, cuando los gobiernos regionales y los actores locales diseñan sus propias estrategias de turismo, garantizan que los beneficios económicos permanezcan en el territorio. Vinculan el turismo con la agricultura local, la artesanía y las industrias creativas de la región. De este modo, la riqueza generada por quienes nos visitan permanece en las comunidades y contribuye a construir escuelas, infraestructura y resiliencia.

En segundo lugar, somos los guardianes y custodios de la historia, la música, la gastronomía y la identidad cultural de nuestras regiones. Un enfoque regional garantiza que estos activos no sean simplemente “consumidos” por los visitantes, sino protegidos y celebrados. Así, nuestro patrimonio cultural se convierte en un motor sostenible de prosperidad que respeta la dignidad de las comunidades locales.

Y, en tercer lugar, aunque las políticas nacionales establecen el marco general, son los gobiernos regionales quienes aportan el pulso del territorio. Al situar el turismo en el centro de nuestros planes de desarrollo regional, construimos un modelo de gobernanza ágil, receptivo y profundamente conectado con las personas que viven en estos destinos.

Señoras y señores, amigos del turismo, los invito a llevar consigo esta convicción: no solo estamos gestionando destinos; estamos construyendo el futuro de nuestras comunidades y de nuestras regiones.

El turismo no es únicamente un sector económico. Es una poderosa herramienta estratégica de empoderamiento. Es la forma en que nosotros, como regiones, definimos nuestra propia narrativa en la economía global.


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